"Cuando el papel me cortó el dedo, salió una gota de sangre del pequeño rasguño. Entonces, todo pasó muy rápido.
¡No!, rugió Edward. Se arrojó sobre mí, lanzándome contra la mesa y aterricé en un montón de cristales hechos añicos. Jasper chocó contra Edward y el sonido pareció el choque de dos rocas... Aturdida y desorientada, miré la brillante sangre roja que salía de mi brazo y después a los ojos enfebrecidos de seis vampiros repentinamente hambrientos..."
"¿Tratarías por favor de escuchar que es lo que te estoy diciendo?
¿Me dejarías intentar explicarte lo que significas para mi?”
El esperó, estudiando mi rostro mientras hablaba para asegurarse que realmente lo estaba escuchando.
“Antes de ti, Bella, mi vida era como una noche sin luna. Muy oscura, pero habían estrellas— puntos de luz y razón…Y entonces tu pasaste a través de mi cielo como un meteoro. De repente todo estaba en llamas, era brillante, era hermoso. Cuando te fuiste, cuando el meteorito cayo sobre el horizonte, todo se volvió negro. Nada había cambiado, pero mis ojos estaban cegados por la luz. Ya no podía ver las estrellas nunca más. Ya no había razón para nada.”
Yo quería creerle. Pero era mi vida sin él la que estaba describiendo, y no a la inversa.
“Tus ojos se adaptarán” mascullé
“Ese es el problema—no pueden”
Edward mantuvo su brazo ceñido a mi cintura, conservándome cerca de él. Esto fue lo único que impidió que rompiera a llorar.
Tenía varios problemas realmente serios.
Mi mejor amigo me contaba entre sus peores enemigos.
Victoria seguía suelta, poniendo a toda la gente que amaba en peligro.
Los Vulturis me matarían si no me convertía pronto en vampiro.
Y ahora parecía que si lo hacía, los licántropos quileutes tratarían de hacer el trabajo por su cuenta, además de intentar matar a mi futura familia. No creo que tuvieran ninguna oportunidad en realidad, pero ¿terminaría mi mejor amigo muerto en el intento?
Eran problemas muy, muy serios. Así que ¿por qué me parecieron todos repentinamente insignificantes cuando salimos de detrás del último de los árboles y vi la expresión del rostro purpúreo de Charlie?
Edward me dio un apretón suave.
—Estoy aquí.
Respiré hondo.
Eso era cierto. Edward estaba allí, rodeándome con sus brazos.
Podría enfrentarme a cualquier cosa mientras eso no cambiara.
Cuadré los hombros y fui a enfrentarme con mi suerte, llevando al lado al hombre de mis sueños en carne y hueso.
—No lo hice por ti.
—Me consta, pero eso no significa que me sienta menos agradecido. Pensé que deberías saberlo. Si hay algo que esté en mi mano hacer por ti...
Jacob alzó una ceja negra.
Edward negó con la cabeza.
—Eso no está en mis manos.
—¿En las de quién, pues? —gruñó Jacob.
Edward dirigió la mirada hasta donde yo estaba.
—En las suyas. Aprendo rápido, Jacob Black, y no cometeré el mismo error dos veces. Voy a quedarme aquí hasta que ella me diga que me marche.
viernes, 22 de febrero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario